El ocho (Katherine Neville)


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Para todas aquellas personas amantes de la lectura y sobre todo del género del misterio y del suspense, resultará inevitable proceder a la lectura del libro el Ocho. Este libro posee una trama inesperada que guía al lector a un mundo que está lleno de intrigas y de sospechas, donde el suspense será uno de los factores más importantes a lo largo de todo el libro. Para descubrir las aventuras de su protagonista y saber que resultado final tiene el libro tan solo habrá que descubrir donde comprar el libro o desde que página poder descargarlo, todo ello a un precio razonable.

Argumento del libro el Ocho

La protagonista del libro el Ocho es Catherine Velis, la cual es una ejecutiva con un gran prestigio experta en el manejo y diseño de ordenadores. Por un giro del destino inesperado, se encuentra buscando un mítico y legendario ajedrez que, según se cuenta, perteneció al gran emperador Carlomagno. Cuando conoce al campeón soviético del ajedrez, el cual se encuentra de gira por la ciudad de Nueva York (donde Catherine reside), es advertida de que si sigue en su búsqueda de las piezas, acabará seriamente dañada. Según la historia que descubre la protagonista acerca del ajedrez, dentro de sus piezas es posible encontrar el secreto para descubrir la fórmula ligada a la masonería, la alquimia y a los poderes cósmicos. El Ocho es un libro que ha obtenido millones de ventas desde su primera edición y es posible encontrarlo en formato de bolsillo, de tapa dura, tapa blanda y también en diversos formatos de lectura para eBook. La segunda parte del mismo, el Fuego, termina de desentrañar los misterios presentados en esta novela.

¿Qué secreto guarda el ajedrez de Montglane?

El rapto de las sabinas,1799, por Jacques Louis David, óleo sobre lienzo, 385 x 522 cm, Museo del Louvre, París, óleo descrito en la novela.

El rapto de las sabinas,1799, por Jacques Louis David, óleo sobre lienzo, 385 x 522 cm, Museo del Louvre, París, óleo descrito en la novela.

Descripción del Ajedrez de Montglane

El tablero, forjado exclusivamente en plata y oro, medía un metro entero por cada lado. Las piezas, de metales preciosos afiligranados, estaban tachonadas con rubíes, zafiros, diamantes y esmeraldas sin tallar pero perfectamente lustrados, y algunos alcanzaban el tamaño de huevos de codorniz. Como destellaban y resplandecían a la luz de los faroles del patio, parecían brillar con una luz interior que hipnotizaba a quien los contemplara.
La pieza llamada sha o rey alcanzaba los quince centímetros de altura y representaba a un hombre coronado que montaba a lomos de un elefante. La reina, dama o ‘ferz’ iba en una silla de manos cerrada y salpicada de piedras preciosas.
Los alfiles u obispos eran elefantes con las sillas de montar incrustadas de raras gemas y los caballos o caballeros están representados por corceles árabes salvajes; las torres o castillos se llamaban ruji, que en árabe significa carro. Eran grandes camellos que sobre los lomos llevaban sillas semejantes a torres. Los peones eran humildes soldados de infantería de siete centímetros de altura, con pequeñas joyas en lugar de ojos y piedras preciosas que salpican las empuñaduras de sus espadas.

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