Martín Paz – de Julio Verne (Capítulo Quinto)


Españoles y mestizos

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Y, mientras todos los transeúntes acortaban el paso o se detenían, inclinando la cabeza para orar, una anciana, que acompañaba a una joven, pugnaba por abrirse paso entre la multitud, provocando grandes protestas.

La joven, al oír las increpaciones que se les dirigían por perturbar el rezo de las personas piadosas, quiso detenerse; pero la dueña la obligó a seguir.

–¡Hija del demonio! –murmuraron cerca de ella.

–¿Quién es esa condenada bailarina?

–Es una pelandusca.

La joven se detuvo confusa.

2-ocean

Un arriero acababa de ponerle de pronto la mano en el hombro para obligarla a arrodillarse; pero en aquel momento, un brazo vigoroso lo echó a rodar por tierra. A esta escena, rápida como un relámpago, siguió un momento de confusión.

–Huya usted, señorita –le aconsejó una voz suave y respetuosa a la joven.

Ésta, pálida de terror, volvióse y vio un joven indio, de elevada estatura, que, con los brazos cruzados, esperaba a pie firme a su adversario.

–Por mi alma, estamos perdidas –exclamó la dueña, arrastrando consigo a la joven.

El arriero, maltrecho a consecuencia de la caída, se levantó; pero no creyendo prudente pedir cuentas a un adversario tan vigoroso y resuelto como parecía ser el joven indio, dirigióse a donde estaban sus mulas, murmurando inútiles amenazas.

Fuente: http://www.elaleph.com/vistaprevia/928177-5/

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