333 historias de la Transición y 333 butacas del Ateneo


Las carga el diablo

Juan Tortosa

zzzzTuvo algo de mágico la presentación del libro de Carlos Santos en el Ateneo madrileño. Un libro en el que el autor repasa, con su gancho habitual, “333 historias de la Transición”, muchas de ellas inéditas hasta ahora. Un manual sin desperdicio para quien quiera entender muchas de las cosas que ocurrieron en aquellos años tan ponderados ahora por unos y tan cuestionados por otros.

Sea como sea, la presentación tuvo algo de mágico porque el libro de Carlos nos cuenta a muchos nuestra propia vida y nos refresca la memoria a la manera en que lo hacían los álbumes de fotos cuando existían los álbumes de fotos y no el alquiler de gigas en las nubes de internet. Muchas de las cosas que cuenta Carlos en “333 historias…” no es que las haya vivido yo: es que incluso las he protagonizado, porque mi querido amigo me ha hecho el honor de contar con mi memoria para confirmar algunas de las anécdotas que refiere en este libro coral con el que nos invita a cuestionarnos seriamente si nosotros, los de entonces, continuamos siendo los mismos o si, por el contrario, apenas quedan vestigios de quiénes éramos y cómo nos sentíamos.

Confieso que a mí, la puesta en escena de la presentación me removió muchas cosas, algunas porque las conocía y otras porque las había olvidado… pero también me reveló historias de las que nunca hasta ahora tuve ni remota noticia. Como ha de hacer todo lector que se precie con los libros de los amigos, compré “333 historias..” el mismo día en que llegó a las librerías y eso me permitió acudir a la presentación con las 454 páginas ya leídas, algunas incluso releídas. Carlos podía perfectamente, si hubiera querido, haberme puesto a prueba y tomarme la lección.

ateneo 2Pero no fue necesario. En el estrado lo arroparon Imelda Navajo, Forges, Manuel Campo Vidal, Fernando Reinlein y Alberto Ruiz Gallardón. Y en el repleto salón de actos del Ateneo madrileño nos encontrábamos un buen número de amigos y compañeros. Estaba mi querido José Antonio Gurriarán, también José María de Juana, Mercedes Jansa, Alicia G. Montano, Nieves Concostrina, Jesús Pozo, Fernando Palacios, Giorgina Cisquella…

A todos consiguió emocionarnos el muy tunante de Carlos, con una presentación trufada de piezas musicales que le sirvieron para ilustrar lo que nos contó sobre el libro y su elaboración, sobre lo que fueron unos años irrepetibles, sacralizados por unos y ahora demonizados por otros. Ni lo uno ni lo otro, creo yo. Quizás, con la perspectiva del tiempo y amortizadas sus virtudes, estemos todos ya en condiciones de ponernos de acuerdo sobre las carencias de aquella etapa, como por ejemplo la falta de protagonismo de la sociedad civil en la Transición y la urgente necesidad de jubilar la Constitución vigente. O los desaciertos a la hora de dibujar el mapa autonómico, o la dramática ausencia de mecanismos preventivos frente a la corrupción… O incluso, como el propio autor señala en el epílogo, “la renuncia a depurar las Fuerzas de Seguridad y la Administración franquista, y el mantenimiento de núcleos de poder de la dictadura como elementos intocables del sistema”.

ateneo1Es bueno refrescar y analizar aquellos años y es bueno que libros como el de Carlos Santos contribuyan a hacerlo en los tiempos que corren. Sobre todo porque lo que se cuenta en sus páginas ocurrió. Absolutamente todo. Es bueno que quienes por edad no lo vivieron se acerquen a ese tiempo a través las 333 historias de este ameno “manual”, y que quienes apuestan/apostamos por superar aquella época lo hagamos partiendo de un cabal diagnóstico de dónde se encontraba exactamente cada pieza por entonces. De dónde estaban incluso las piezas que faltaban y continúan faltando.

Hay que cambiar muchas cosas y es urgente hacerlo. Estamos en el momento. Como digo, creo que el libro de Carlos Santos puede ayudar a ello, se esté de acuerdo con su criterio y con su enfoque o no. La necesidad de menear esto de una vez  se respira en el ambiente y quizás sea esa la razón por la que en la presentación madrileña se colgó el cartel de “No hay billetes”, como creo que ocurrirá allá donde “333 historias…” y su autor decidan ir de bolos.

Al finalizar el acto, Carlos se acercó a los trabajadores del Ateneo para mostrarles su agradecimiento.

-¿Sabe usted -le dijeron- cuál es el aforo de este salón de actos? ¡333butacas!

J.T.

Las fotos son de Jesús Pozo

publico

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