El Cementerio de Praga – Umberto Eco


El ojo y la lupa | Luis Matías López

libro_1289656121Autor: ECO, UMBERTO

Editorial: LUMEN

Año de edición: 2010

Género: Narrativa

ISBN: 9788426418685

CAPÍTULO: Leer el primer capítulo

Resumen

gusanitolectorchicoTreinta años después de El nombre de la rosa, llega El cementerio de Praga, una novela que nos cuenta el origen de muchas estafas y algunos estafadores que aún hoy están aquí, entre nosotros… Estamos en marzo de 1897, en París, espiando desde las primeras páginas del libro a un hombre de sesenta y siete años que escribe sentado en una mesa, en una habitación adornada con extravagancia: conocemos así al capitán Simonini, una piamontés afincado en París que desde joven se dedica al noble oficio de falsificar documentos. Por razones que luego se verán, el hombre no recuerda bien quién es y, siguiendo los consejos de un tal doctor Freud, con quien solía compartir cenas en un restaurante de la ciudad hace ahora diez años, decide poner por escrito su vida.

Empezamos por los recuerdos del abuelo, que lo crió. Ese era un hombre chapado a la antigua y fiel a la tradición monárquica, todo lo contrario que su hijo, un revolucionario que murió defendiendo causas de poca monta. La obsesión del abuelo eran los judíos, según él la fuente de todos los males. Nuestro Simonini crece y empieza su carrera profesional de pasante de un notario amante de los negocios poco limpios. El joven pronto aprende y se entrena en su tarea de falsario, quedándose al final con el negocio del notario. Mientras tanto en Italia desfila Garibaldi, el héroe por excelencia, que recorre la bota italiana para liberar al país de los Borbones.

Eso en apariencia…el olfato de Simonini le convierte muy pronto en espía y contraespía del gobierno italiano, y así aprendemos que Garibaldi y los suyos están al servicio de la masonería y del poder establecido. Obligado a dejar Italia por ser hombre “que sabe demasiado” el capitán se instala en París, y muy pronto el poder francés recurre a sus servicios para que falsifique todo tipo de documentos y para que espíe las actividades de los prusianos, pero también de ciertos personajes influyentes de la política del país. Lo ayuda en esta tarea el Abate Della Piccola, personaje ambiguo, clérigo extravagante y “alter ego” de Simonini.

 Umberto Eco y los protocolos de los Sabios de Sión

Luis Matías López

En su folletinesca ‘El cementerio de Praga’ (Lumen), la única sus novelas que puede hace sombra a ‘El nombre de la rosa’, Umberto Eco actúa como un funambulista en busca de un equilibrio precario: que las ideas y acciones de un protagonista falsario, intrigante, misógino, antijesuita, antimasón, asesino ocasional y, sobre todo, antisemita se desacrediten, no sólo por la fuerza de su sinrazón, sino también porque es el personaje “más cínico y antipático de la historia de la literatura”.

Como cabía esperar, a Eco le han llovido las críticas, y no me refiero ya a las literarias, sino a las que afectan a lo políticamente correcto. Él parece encantado con la que ha montado, se congratula de que las invectivas de ‘L’Osservatore Romano’(“sinfonía maligna”) le hagan vender 100.000 ejemplares más, ve absurdo que le fustiguen por lo que dicen o hacen sus criaturas y, como prueba de que los judíos no se llaman a engaño, presenta la invitación de tres comunidades hebreas a presentar el libro en Israel.

Nadie en su sano juicio presta hoy verosimilitud ni a la conspiración judeo-masónica tan grata a Franco ni al misterioso cónclave de rabinos en el cementerio judío de Praga en el que se fraguó una conspiración universal para adueñarse del mundo y destruir la civilización cristiana. Sin embargo, como material literario es impagable.

Veamos algunas ‘perlas’ de la supuesta reunión secreta en el gueto de Praga: el rabino Rubén de París constata que todos los emperadores y reyes están en deuda con los banqueros judíos y aboga por dar más empréstitos para dominar la economía; el rabino Manasse propone difundir la idea de que el progreso implica la supresión de la religión en los programas escolares; el rabino Benjamín de Toledo pide que los judíos penetren en todas las ramas de la ciencia, el arte y la literatura. Y una “decimotercera voz” concluye que el pueblo elegido debe apoderarse de la prensa para destruir la familia, e infiltrarse en el proletariado y los movimientos sociales para “reinar sobre la tierra como fue prometido a nuestro primer padre Abraham”.

Eco recrea a muchos personajes reales y a uno inventado, el piamontés Simón Simonini, esquizofrénico genio de la falsificación, que utilizó en la segunda mitad del XIX dispersos materiales antisemitas que darían forma a los ‘Protocolos de los sabios de Sión’, la “prueba” de los siniestros designios de los judíos. Hitler mismo se valió de ellos para justificar la Solución Final, cuyos efectos se ilustran en los nombres de miles de judíos checos exterminados por los nazis que hoy ‘decoran’ un museo: sí, el del cementerio de Praga.

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